jueves, 24 de diciembre de 2009

La Navidad del ateo.


no es facil, encontrar una imagen o texto,
que sirva de pretexto para saludar a todos
sin que aparesca el sr. gordo de rojo,
con barba blanca, insitandonos a consumir,
con una sospechosa risa socarrona e hipocrita.
infundiendo la subersiva idea de que nadies se
debe quedar sin un regalo en este dia.
la iglesia de roma, aprovecho las fiestas paganas
del solsticio de invierno, (en el emisferio norte)
para escenificar el nacimiento de jesus,
y aprovechar la fiesta que es mucho mas vieja que ella.
(que la iglesia), asi es facil de entender la razon
de tan diferentes motivos de festejo cuando
algunos sircunscriben las fiestas a la liturgia,
y otros nos reunimos a brindar porque si,
desconociendo que el origen de dichas celebreciones
es que la noche es mas larga y fria y hay mas
tiempo para beber y amar, a falta de
trabajo, pues los dias son mas cortos y
que mucho mas frios.
es asi como previdencialmente,
( nunca mejor dicho ) cayo en mi ordenador
este escrito insospechado de la genial
pluma de alguien inaudito en estos temas.
que sirva pues para saludar y a la vez disfrutar
de un fragmento de este exquisito texto.
un abrazo



josé

La Navidad del ateo.
 

"La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría
que describir de su  cara es  una reverencia llena de
ansiedad que no ha aparecido más que una vez en
una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne
de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve
meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su
leche se convertirá en sangre divina. De vez en
cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de
que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le
dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se
queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza
un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este
niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para
una madre tener vergüenza de sí y de su condición
humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que
hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos,
en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo,
es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo.
Esta carne divina es mi carne.Está hecha de mí.
Tiene mis ojos y la forma de su boca es la de la mía. Se parece amí.
Es Dios y se parece a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha tenido así a su Dios
para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos; un Dios caliente que sonríe y que respira,
un Dios al que de puede tocar; y que sonríe.
Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y
trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios
cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe."





Este es un fragmento de "Barioná, el hijo del trueno", una breve e intensa obra religiosa sobre la Navidad escrita por Jean-Paul Sartre (1905-1980)
durante su cautiverio en un campo de concentración alemán.
En 1940 Francia capitula ante Alemania. Los oficiales del ejército francés son recluidos en campos de concentración en territorio alemán.
Sartre, por aquel entonces con grado de oficial, va a parar a uno de esos
campos de prisioneros de guerra. Allí entabla amistad con algunos curas
católicos también condenados y de esa relación, posiblemente, surge la
inspiración para escribir un Auto de Navidad, Barioná, el Hijo del
Trueno, una pieza de teatro en siete actos que parecería estar escrita por una persona profundamente religiosa. Ese mismo año se representa en el
campo de concentración de Stalag 12, después de que los capellanes del
campo obtuvieran el permiso para celebrar la fiesta de Nochebuena y la
Misa del Gallo. La obra fue representada ante más de 12.000 prisioneros
y el propio autor interpretó el papel del Rey Baltasar.
Cuando Sartre consigue escapar del campo, no autoriza la publicación de Barioná, el hijo del trueno hasta 1962. Recién en 2004 la obra se publica
en español.
La prensa clerical y de derecha lo acusó en vida de "corromper a la juventud con su nihilismo materialista" y lo tildó de "vívora lúbrica",
“hiena dactilográfica”, “chacal con bolígrafo" y "cáncer rojo".
Después de su muerte (1980) el teólogo francés René Laurentin manifetó
que "Sartre, ateo deliberado, me ha hecho ver mejor que nadie, si
exceptuamos los evangelios, el misterio de la Navidad, por esa razón le guardo un inmenso reconocimiento".



http://www.elortiba.org/notatapa3.html 24/12/2009.